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Perder un empleo tiene repercusiones que van más allá de la reducción del poder adquisitivo

Para numerosas personas, la crisis económica ha supuesto un auténtico descalabro. En torno a 4.600.000 estaban desempleadas en España en el mes de abril, según datos de la Encuesta de Población Activa (EPA). Esta cifra supone que más del 20% de los ciudadanos en edad de trabajar está en paro y es el dato numérico de muchos dramas familiares y personales. No sólo se trabaja para ganarse la vida, sino también para lograr el desarrollo personal. Por este motivo, desde la vertiente psicológica, perder el empleo resulta demoledor, incluso aunque los recursos económicos estén asegurados.

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